El hombre mediocre
El hombre mediocre Repiten con frecuencia el legendario juicio de Midas. Pan osó comparar su flauta de siete carrizos con la lira de Apolo. Propuso una lid al dios de la armonía y fue árbitro el anciano rey frigio. Resonaron de Pan los acordes rústicos y Apolo cantó a compás de sus melopeas divinas. Decidieron todos que la flauta era incomparable a la lira, unánimes todos, menos el rey, que reclamó la victoria para aquélla. De pronto crecieron entre sus cabellos dos milagrosas orejas: Apolo quedó vengado y Pan se refugió en la sombra. El juez, confuso, quiso ocultarlas bajo su corona. Las descubrió a un cubiculario; corrió a un lejano valle, cavó un pozo y contó allí su secreto. Pero la verdad no se entierra: florecieron rosales que, agitados por las brisas, repiten eternamente que Midas tuvo orejas de asno.