El hombre mediocre
El hombre mediocre ¿En qué consiste, entonces? ¿No es soplo divino, no es demonio, no es enfermedad? Nunca. Es más sencillo y más excepcional a la vez.
Más sencillo, porque depende de una complicada estructura del cerebro y no de entidades fantásticas; más excepcional, porque el mundo pulula de enfermos y rara vez se anuncia un Ameghino.
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Cuanto mejor cerebrado está el hombre, tanto más alta y significativa es su función de pensar. Ignórase todavÃa el mecanismo Ãntimo de los procesos intelectuales superiores. Los acompañan, sin duda, modificaciones de las células nerviosas: cambios de posición y permutas quÃmicas muy complicadas. Para comprenderlas deberÃan conocerse las actividades moleculares y sus variables relaciones, además de la histologÃa exacta y completa de los centros cerebrales. Esto no basta: son enigmas la naturaleza de la actividad nerviosa, las transformaciones de energÃa que determina en el momento que nace, durante el tiempo que se propaga y mientras se producen los fenómenos que acompañan la complejÃsima función de pensar. Los conocimientos cientÃficos distan de ese lÃmite. Sin embargo, mientras la quÃmica y la fisiologÃa permitan acercarse al fin, existe ya la certidumbre de que ésa, y ninguna otra, es la vÃa para explicar las aptitudes supremas de un genio en función de su medio.