El hombre mediocre
El hombre mediocre En toda la gestión de su doctrina, la genialidad de Ameghino se traduce por una absoluta unidad y continuidad del esfuerzo, que es la antÃtesis de la locura. También a él le, supusieron loco, sobre todo en su juventud. Con bonhomÃa risueña recordaba las burlas de vecinos y niños de su escuela, cuando le veÃan dirigirse, azada al hombro, hacia las márgenes del Luján; para esas mentes sencillas tenÃa que estar loco ese maestro que pasaba dÃas enteros cavando la tierra y desenterrando huesos de animales extraños, como si algún delirio le transformara en sepulturero de edades extinguidas. Cambiando de ambientes sin asimilarse a ninguno, consiguió pasar más desapercibido y atenuar su reputación de inadaptado.
Basta leer su inmensa obra —centenares de monografÃas y volúmenes— para comprender que sólo presenta los desequilibrios inherentes a su exuberancia. Sus descubrimientos, grandes y útiles, nunca fueron adivinados al acaso ni en la inconsciencia, sino por ,una vasta elaboración; no fueron frutos de un cerebro carcomido por la herencia o los tóxicos, sino de engranajes perfectamente entrenados; no ocurrencias, sino cosechas de siembras previas; jamás casualidades, sino claramente previstos y anunciados.