Fundación
Fundación No todos en el equipo de Seldon compartÃan su entusiasmo. Las tensiones crecÃan mientras más se acercaban al dÃa en que tendrÃan que partir hacia los confines de la galaxia. Los rumores de que el Emperador estaba vigilándolos no ayudaban.
—¿Y si fallamos? —preguntó un miembro del equipo una noche, su voz quebrada por el agotamiento.
Seldon, imperturbable, solo respondió:
—No se trata de nosotros. Se trata de lo que dejamos atrás.
Mientras tanto, el juicio de Seldon seguÃa su curso. Los fiscales, impacientes por cerrar el caso, lo acusaban con más vehemencia. Pero Seldon, siempre calculador, utilizaba el estrado como un tablero de ajedrez. Cada palabra era un movimiento.
—¿Sabe usted lo que significa sedición? —le espetó un fiscal durante una audiencia.
—Significa cuestionar el orden —respondió Seldon con calma—. Y eso es exactamente lo que hago.
El Emperador no tardó en perder la paciencia. Decidieron que Seldon y su equipo debÃan ser exiliados. Pero lo que parecÃa un castigo era parte del plan. El exilio los llevarÃa al planeta Términus, en el borde de la galaxia.
—Todo está saliendo como esperaba —le confió Seldon a Gaal en privado.
Gaal lo miró, incrédulo.
