MarÃa
MarÃa —Algo hubiera dado algunas veces por no oÃr. Tal vez serÃa mejor no ir a esa cacerÃa… José te dejó un recado con nosotras.
—¿Quieres tú que no vaya?
—¿Y cómo podrÃa yo exigir eso?
—¿Por qué no?
Miróme y no respondió.
—Ya me parece que no hay más —dijo poniéndose en pie y mirando el suelo a su alrededor—; yo me voy. El café estará ya frÃo.
—Pruébalo.
—Pero no acabes de cargar esa escopeta ahora…
—Está bueno —añadió tocando la taza.
—Voy a guardar la escopeta y a tomarlo; pero no te vayas.
Yo habÃa entrado a mi cuarto y vuelto a salir.
—Hay mucho que hacer allá dentro.
—Ah, sà —le contesté—; preparar postres y las galas para mañana. ¿Te vas, pues?
Hizo con los hombros, inclinando al mismo tiempo la cabeza a un lado, un movimiento que significaba: como tú quieras.
—Yo te debo una explicación —le dije acercándome a ella—. ¿Quieres oÃrme?
—¿No digo que hay cosas que no quisiera oÃr? —contestó haciendo sonar los pistones dentro de la cajita.