MarÃa
MarÃa —¿Y a ustedes cómo les parezco? —dije a las muchachas.
—¡Eh! —contestó Tránsito—: pues ¿qué nos va a parecer? Si por estarse allá en sus estudios y…
—Hemos tenido tantas cosas buenas para usted —interrumpió LucÃa—: dejamos dañar la primera badea de la mata nueva, esperándolo: el jueves, creyendo que venÃa, le tuvimos una natilla tan buena…
—¡Y qué peje!, ¿ah Luisa? —añadió José—; si eso ha sido el juicio, no hemos sabido qué hacer con él. Pero ha tenido razón para no venir —continuó en tono grave—; ha habido motivo; y como pronto lo convidarás a que pase con nosotros un dÃa entero… ¿no es asÃ, Braulio?
—SÃ, sÃ, pase y hablemos de eso. ¿Cuándo es ese gran dÃa, señora Luisa?, ¿cuándo es, Tránsito?
Esta se puso como una grana, y no hubiera levantado los ojos para ver a su novio por todo el oro del mundo.
—Eso tarda —respondió Luisa—: ¿no ve que falta blanquear la casita y ponerle las puertas? Vendrá siendo el dÃa de Nuestra Señora de Guadalupe, porque Tránsito es su devota.
—¿Y eso cuándo es?