MarÃa
MarÃa —Eso es muy natural —le dijo ésta.
—¡Y yo que tengo un traje tan lindo para que le sirva ese dÃa! Es necesario que le digas que yo me he puesto muy contenta al saber que nos… que me ha preferido para su madrina.
Mis hermanos, Felipe y el que le seguÃa, recibieron con sorpresa y placer la noticia de que yo pasarÃa la noche en el mismo cuarto que ellos. HabÃanse acomodado los dos en una de las camas para que me sirviera la de Felipe: en las cortinas de ésta habÃa prendido MarÃa el medallón de la Dolorosa, que estaba en las de mi cuarto.
Luego que los niños rezaron arrodilladitos en su cama, me dieron las buenas noches, y se durmieron después de haberse reÃdo de los miedos que mutuamente se metÃan con la cabeza del tigre.
Esa noche no solamente estaba conmigo la imagen de MarÃa: los ángeles de la casa dormÃan cerca de mÃ: al despuntar el Sol vendrÃa ella a buscarlos para besar sus mejillas y llevarlos a la fuente, donde les bañaba los rostros con sus manos blancas y perfumadas como las rosas de Castilla que ellos recogÃan para el altar y para ella.