MarÃa
MarÃa —He ofrecido observar esa conducta. Por otra parte, MarÃa no es aún mi prometida y se halla en libertad para decidir lo que le parezca. Ofrecà no decirle nada de lo acordado con ustedes; y he cumplido.
—Yo temo que la emoción que va a causarle a MarÃa el imaginarse que tu padre y yo estamos lejos de aprobar lo que pasa entre vosotros, le haga mucho mal. No ha querido tu padre hablar al señor de M… de la enfermedad de MarÃa, temerosos de que se estime eso como un pretexto de repulsa; y como él y su hijo saben que ella posee una dote… lo demás no quiero decirlo, pero tú lo comprendes. ¿Qué debemos hacer, pues, dilo tú, para que MarÃa no piense ni remotamente que nosotros nos oponemos a que sea tu esposa; sin dejar yo de cumplir al mismo tiempo con lo prevenido últimamente por tu padre?
—Tan sólo hay un medio.
—¿Cuál?