MarÃa
MarÃa —Voy a decÃrselo a usted; y me prometo que lo aprobará; le suplico desde ahora que lo apruebe. Revelémosle a MarÃa el secreto que mi padre ha impuesto sobre el consentimiento que me tiene dado de ver en ella a la que debe ser mi esposa. Yo le ofrezco a usted que seré prudente y que nada dejaremos notar a mi padre que pueda hacerle comprender esta infidencia necesaria. ¿Podré yo seguir guardando esa conducta que él exige, sin ocasionar a MarÃa penas que le harán mayor daño que confesárselo todo? ConfÃe usted en mÃ: ¿No es verdad que hay imposibilidad para hacer lo que mi padre desea? Usted lo ve: ¿No lo cree asÃ?
Mi madre guardó silencio unos instantes, y luego, sonriendo de la manera más cariñosa, dijo:
—Bueno; pero con tal que no olvides que no debes prometerle sino aquello que puedas cumplir. ¿Y cómo le hablaré de la propuesta de Carlos?