MarÃa
MarÃa —SÃ, MarÃa. ¿Y cuáles son las tuyas en pago de tanto bien?
—Una sola.
—Dila.
—Tú la sabes.
—SÃ, sÃ; pero hoy sà debes decirla.
—Que me ames siempre asà —respondió, y su mano se enlazó más estrechamente con la mÃa.