MarÃa
MarÃa Impuesta mi madre de nuestro proyecto de caza, hizo que se nos sirviera temprano el almuerzo a Carlos, a Braulio y a mÃ.
No sin dificultad logré que el montañés se resolviera a sentarse a la mesa, de la cual ocupó la extremidad opuesta a la en que estábamos Carlos y yo.
Como era natural, hablamos de la partida que tenÃamos entre manos. Carlos decÃa:
—Braulio responde de que la carga de mi escopeta está perfectamente graduada; pero continúa ranchado en que no es tan buena como la tuya, a pesar de que son de una misma fábrica, y de haber disparado él mismo con la mÃa sobre una cidra, logrando introducirle cuatro postas. ¿No es asÃ, mi amigo? —terminó dirigiéndose al montañés.
—Yo respondo —contestó éste— de que el patrón matará a setenta pasos un pellar con esa escopeta.
—Pues veremos si yo mato un venado. ¿Cómo dispones la cacerÃa? —agregó dirigiéndose a mÃ.