MarÃa
MarÃa —Eso es sabido; como se dispone siempre que se quiere hacer terminar la faena cerca de la casa: Braulio sube hasta el pie del derrumbo con sus perros de levante: Juan Angel queda apostado dentro de la quebrada de la Honda con dos de los cuatro perros que he mandado traer de Santa Elena; tu paje con los otros dos esperará en la orilla del rÃo para evitar que se nos escape el venado a la Novillera; tú y yo estaremos listos para acudir al punto que convenga.
El plan pareció bueno a Braulio, quien después de ensillarnos los caballos ayudado por Juan Angel, se puso en marcha con éste para desempeñar la parte que le tocaba en la batida.
El caballo retinto que yo montaba, golpeaba el empedrado cuando Ãbamos a salir ya, impaciente por lucir sus habilidades; arqueado el cuello fino y lustroso como el raso negro, sacudÃa sus crespas crines estornudando. Carlos iba caballero en un quiteño castaño coral que el general Flores habÃa enviado de regalo en esos meses a mi padre.
Recomendada al señor de M… la mayor atención, por si el venado venÃa al huerto como nos lo prometÃamos, salimos del patio para emprender el ascenso de la falda, cuyo plano inclinado terminaba a treinta cuadras hacia el oriente, al pie de las montañas.