MarÃa
MarÃa —¡Jesú!, mi amo, ¿le parece triste?
Lorenzo escanció de su chamberga pastusa cantidad más que suficiente de anisado en el mate que el boga le presentó, y éste continuó diciendo:
—Será que el sereno me ha dado carraspera; —y dirigiéndose a su compañero—: compae Laureán, el branco que si quere despejá el pecho para que cantemo un baile alegrito.
—¡A probalo! —respondió el interpelado con voz ronca y sonora—: otro baile será el que va a empezar en el escuro. ¿Ya sabe?
—Po lo mesmo, señó.
Laureán saboreó el aguardiente como conocedor en la materia, murmurando:
—Del que ya no baja.
—¿Qué es eso del baile a oscuras? —le pregunté.
Colocándose en su puesto entonó por respuesta el primer verso del siguiente bunde, respondiéndole Cortico con el segundo, tras de lo cual hicieron pausa, y continuaron de la misma manera hasta dar fin a la salvaje y sentida canción.
Se no junde ya la luna;
Remá, remá.
¿Qué hará mi negra tan sola?
Llorá, llorá.
Me coge tu noche escura,