MarÃa
MarÃa —Desde ahora no —respondió sonriéndose de la misma gravedad que trataba de aparentar—. Oye, pues yo no he podido prescindir de estar contenta hoy, porque luego que nos separamos anoche, pensé que de esa pérdida sufrida por papá, puede resultar… Y ¿qué pensarÃa él de mà si supiera esto?
—ExplÃcate, y yo te diré qué pensarÃa.
—Si esa suma que se ha perdido es tanta —se resolvió a decirme entonces, peinando las crines del caballo con el mango del fuete, que ya le habÃa devuelto— papá necesitará más de ti…, él consentirá en que le ayudes desde ahora…
—SÃ, sà —le respondà dominado por su mirada tÃmida y anhelosa al confesarme lo que tanto recelaba la pudiera mostrar culpable.
—¿Conque es verdad que s�
—Relevaré a mi padre de la promesa que me tiene hecha de enviarme a Europa a terminar mis estudios; le prometeré luchar a su lado hasta el fin por salvar su crédito; y él consentirá; debe consentir… Asà no nos separaremos tú y yo nunca… no nos separarán. Y entonces pronto…
Sin levantar los ojos me significó que sÃ; y al través de su velillo, con el cual jugaba la brisa, su pudor era el pudor de un ángel.