MarÃa
MarÃa —¿Qué se necesita, ah?
—Es —le respond× que el delirio ha empezado, y deseo que me acompañes por si el acceso es muy fuerte.
—¿Cuánto tiempo hace?
—Va para una hora.
Se acercó al lecho casi contenta por la buena noticia que yo le daba, y alejándose en puntillas de él, vino a decirme:
—Pero está dormido otra vez.
—Ya verás que eso dura poco.
—¿Y por qué no me habÃas despertado antes?
—DormÃas tan profundamente, que me dio pena hacerlo.
—¿Y Emma también? Ella tiene la culpa de que me haya dormido yo.
Se acercó a Emma y me dijo:
—Mira qué linda está. ¡Pobre! ¿La llamamos?
—Ya ves —le contesté— que da lástima despertar a quien duerme asÃ.
Le tomó el labio inferior a mi hermana, y cogiéndole después con ambas manos la cabeza, la llamó inclinándose hasta que se tocaron sus frentes. Emma despertó casi asustada, pero sonriendo al punto, tomó en las suyas las manos con que MarÃa le acariciaba las sienes.