MarÃa
MarÃa Muda y absorta ella al oÃr las amorosas y tremendas palabras del esclavo, reclinó al fin sobre su regazo la bella cabeza de Sinar diciéndole:
—Tú no quieres ser ingrato conmigo, y dices que me amas y me llevas a ser reina de tu patria; yo no debo ser ingrata con mi padre, que me amó antes que tú, y a quien mi fuga causarÃa la desesperación y la muerte. Espera y partiremos juntos con su consentimiento; espera, Sinar, que yo te amo…
Y Sinar se estremeció al sentir sobre su frente los ardientes labios de Nay.
DÃas y dÃas corrieron, y Sinar esperaba, porque en su esclavitud era feliz.
Salió Magmahú a campaña contra las tribus insurreccionadas por Macharty, y Sinar no acompañó a su señor a la guerra como los otros esclavos. Le habÃa dicho a Nay:
—Prefiero la muerte antes que combatir contra pueblos que fueron aliados de mi padre.
Ella, en vÃsperas de marchar las tropas, dio a su amante, sin que él lo echase de ver, una bebida en la cual habÃa dezumado una planta soporÃfera; y el hijo de Orsué quedó asà imposibilitado para marchar, pues que permaneció por varios dÃas dominado de un sueño invencible, el cual interrumpÃa Nay a voluntad, derramándole en los labios un aceite aromático y vivificante.