MarÃa
MarÃa —Será. Vamos al costurero de mamá, que por esperarte no he hecho nada hoy; y ella quiere que esté a la tarde lo que estoy cosiendo.
—¿Allà estaremos solos?
—¿Y qué nuevo empeño es ese de que estemos siempre solos?
—Todo lo que me estorba…
—¡Chit!… —dijo poniéndose un dedo sobre los labios—. ¿Ya ves? Están en la reposterÃa —añadió sentándose—. ¿Conque son muy lindas esas mujeres? —preguntó sonriéndose y arreglando la costura—. ¿Cómo se llaman?
—¡Ah!… son muy lindas.
—¿Y viven en los montes?
—En las orillas del rÃo.
—¿Al sol y al agua? No deben ser muy blancas.
—En las sombras de los grandes bosques.
—¿Y qué hacen all�
—No sé qué hacen; lo que sà sé es que ya no las encuentro.
—¿Y cuánto hace que te sucede esa desgracia? ¿Por qué no te esperarán? Siendo tan bonitas, estarás apesadumbrado.
—Están… pero tú no sabes qué es estar asÃ.