MarÃa
MarÃa —Si usté no se hubiera estado un mes sin venir, me habrÃa hecho un bien. Vea a ver si mi taita está por ahÃ.
—Ninguno está. ¿No puedo hacerte el mismo bien ahora?
—¡Ya quién sabe!
—Pero di a ver. ¿No estás persuadida de que lo haré de mil amores?
—Si le dijera que no, serÃa una mentirosa, porque desde que tomó tanto empeño para que ese señor inglés viniera a verme cuando me dio el tabardillo y muchÃsimo interés porque yo me alentara, me convencà de que sà me tenÃa cariño.
—Me alegro de que lo conozcas.
—Pero es que lo que yo tengo que contarle es tantÃsimo, que asà de pronto no se puede, y antes un milagro es que ya no esté mi mamá aquÃ… Escuche que ahà viene.
—No faltará ocasión.
—¡Ay señor!, y yo no me conformo con que se vaya hoy sin decÃrselo todo.