MarÃa
MarÃa —A malvas, señor.
—Pues a malvas.
—Porque yo tengo siempre siempre muchas en mi baúl. Camine y no vaya a creer que es lejos: lo vamos a llevar por debajo del cacaotal; al salir del otro lado, no hay que andar sino un pedacito, y ya estamos allá.
FermÃn, cargado con los calabazos y coladeras, nos precedÃa. Este era mi ahijado; tenÃa yo trece años y él dos cuando le servà de padrino de confirmación, debido ello al afecto que sus padres me habÃan dispensado siempre.