María
María —He querido que tu madre presencie esta conversación, porque se trata de un asunto grave sobre el cual tiene ella la misma opinión que yo.
Dirigióse a la puerta para entornarla y botar el cigarro que estaba fumando, y continuó de esta manera:
—Hace ya tres meses que estás con nosotros y solamente pasados dos más podrá el señor A… emprender su viaje a Europa, y con él es con quien debes irte. Esa demora, hasta cierto punto, nada significa; tanto porque es muy grato para nosotros tenerte a nuestro lado después de seis años de ausencia a que han de seguir otros, como porque observo con placer que aun aquí, es el estudio uno de tus goces predilectos. No puedo ocultarte, ni debo hacerlo, que he concebido grandes esperanzas, por tu carácter y aptitudes, de que coronarás lúcidamente la carrera que vas a seguir. No ignoras que pronto la familia necesitará de tu apoyo, con mayor razón después de la muerte de tu hermano.
Luego, haciendo una pausa, prosiguió: