MarÃa
MarÃa —El señor de M… da quince dÃas de término para aceptar o no su propuesta, durante los cuales vendrán a hacernos una visita que antes me tenÃan prometida. Todo te será fácil después de lo pactado entre nosotros. Buenas noches, pues —dijo poniéndome afectuosamente la mano sobre el hombro—: que seas muy feliz en tu cacerÃa; yo necesito la piel del oso que mates para ponerla a los pies de mi catre.
—Está bien —le respondÃ.
Mi madre me tendió la mano, y reteniendo la mÃa me dijo:
—Te esperamos temprano; ¡cuidado con esos animales!
Tantas emociones se habÃan sucedido agitándome en las últimas horas, que apenas podÃa darme cuenta de cada una de ellas, y me era imposible hacerme cargo de mi extraña y difÃcil situación.