MarÃa
MarÃa —De veras. Cuánto mejor serÃa ir a dar un paseo por los picachos del boquerón de Amaime y disfrutar del… grandioso y solitario paisaje, o andar por los montes como res herida, espantando zancudos, sin perjuicio de que Mayo se llene de nuches… ¡pobre!, que está imposible.
—MarÃa te llama —le interrumpÃ.
—Ya sé para qué es.
—¿Para qué?
—Para que le ayude a hacer una cosa que no debiera hacer.
—¿Se puede saber cuál?
—No hay inconveniente: me está esperando para que vayamos a coger flores que han de servir para reemplazar éstas, dijo señalando las del florero de mi mesa; y si yo fuera ella no volverÃa a poner ni una más ahÃ.
—Si tú supieras…
—Y si supieras tú…
Mi padre, que me llamaba desde su cuarto, interrumpió aquella conversación, que continuada, habrÃa podido frustrar lo que desde mi última entrevista con mi madre me habÃa propuesto llevar a cabo.
Al entrar en el cuarto de mi padre, examinaba él en la ventana la máquina de un hermoso reloj de bolsillo, y decÃa: