MarÃa
MarÃa —Poco a poco —le interrump×: ¿es decir que estás tan frenéticamente enamorado que te echarás a ahogar si no te casas con ella?
—¡Me caso aunque me lleve la trampa!
—¿Con una mujer del pueblo? ¿Sin consentimiento de tu padre?… Ya se ve: tú eres hombre de barbas, y debes saber lo que haces. Y Carlos ¿tiene noticia de todo eso?
—¡No faltaba otra cosa! ¡Dios me libre! Si en Buga lo tienen en las palmas de las manos y a boca, qué quieres. La fortuna es que Zoila vive en San Pedro y no va a Buga sino cada marras.
—Pero a mà sà me la mostrarÃas.
—A ti es otra cosa; el dÃa que quieras te llevo.
A las tres de la tarde me separé de Emigdio, disculpándome de mil maneras para no comer con él, y las cuatro serÃan cuando llegué a casa.