Mi nombre es Emilia del Valle
Mi nombre es Emilia del Valle Emilia no llora. No puede. No por él. Lo que siente es otra cosa: liberación. Ya no necesita justificar su existencia. Ya no es la hija del escándalo. Es la mujer que sobrevivió a la guerra, al abandono, al amor tóxico. Es ella. Punto.
Pero Chile no ha terminado con ella. TodavÃa le debe una respuesta. Asà que decide viajar al sur, lejos del fuego, donde la guerra no ha tocado los árboles ni los lagos. Llega a una comunidad indÃgena mapuche, buscando silencio, y lo encuentra. Por primera vez en meses, duerme sin sobresaltos. Escucha el viento. Camina descalza.
AllÃ, en una tierra ajena pero maternal, algo se rearma dentro de ella. Empieza a escribir otro tipo de textos: más Ãntimos, más simbólicos. Reflexiona sobre la identidad, el desarraigo, el deseo. Y poco a poco, el dolor cede.
Eric viaja para buscarla. No la encuentra enseguida. Cuando por fin lo hace, es otro hombre. Más viejo. Más cansado. Pero aún la ama.
—¿Aún quieres escribir el final de nuestra historia? —le pregunta. —Solo si lo escribimos juntos —responde Emilia.
No hay promesas. Solo el ahora. Y el ahora basta.