Mi nombre es Emilia del Valle
Mi nombre es Emilia del Valle Viven en La Misión, un barrio vibrante y sucio donde conviven inmigrantes de toda procedencia, entre ellos un grupo de chilenos que llegaron tras la fiebre del oro. No son pobres de miseria, pero sà de oportunidades. Molly, firme y carismática, defiende su dignidad con uñas y dientes, mientras su esposo —el entrañable don Pancho Claro— se entrega a la enseñanza y a la crianza de Emilia con una ternura feroz.
Un dÃa, Molly decide que Emilia debe conocer su herencia. La viste con lo mejor que tiene y la lleva al lujoso barrio de Nob Hill. Se plantan ante una mansión imponente. Molly exige hablar con Gonzalo del Valle. Un mayordomo altivo les niega el acceso, pero accede a entregar una carta y la foto de Emilia. Es la primera de muchas misivas enviadas por Molly a un hombre que eligió el olvido. Emilia crecerá con la convicción de que ese hombre le debe algo. Que su destino está en pausa, esperando una restitución.
El relato alterna la voz adulta de Emilia con recuerdos de su infancia: la rutina sencilla en el hogar, las tensiones sutiles entre Molly y don Pancho, y una constante sensación de estar atrapada entre dos mundos: el del presente honesto pero estrecho, y uno fantasmal, lleno de promesas rotas y nombres impronunciables.
—Ese hombre tiene que saber que existes —repite Molly—. Y si no lo quiere aceptar, peor para él. Dios ve todo.
