Paula
Paula La historia retrocede más de un siglo, al arribo de un marinero vasco a Chile, un hombre con sueños desmesurados y el relicario de su madre colgado al cuello. De esa semilla nace una estirpe de mujeres extraordinarias, como Teresa, a quien le brotaron alas al morir, o Ambrosio, el fornicador generoso. Es una familia de prodigios y excentricidades, donde lo sobrenatural convive con lo cotidiano. —Tu bisabuela podÃa mover objetos con la mente —afirma Isabel con naturalidad—, aunque yo sólo vi moverse un azucarero.
Entre estas memorias, la figura del Tata se alza con severidad estoica. Hombre forjado por la pobreza, con un alma mitad piedra, mitad sueño. Educó a su hija —la futura madre de Isabel— con mano firme y desaprobación silente. Ella, la Memé, bella y etérea, fue entregada al matrimonio como quien lanza una botella al mar. Su destino: Tomás, primo de Salvador Allende, intelectual brillante y amante ambiguo, que se desvanecerÃa como un fantasma después de engendrar tres hijos.
En ese escenario familiar, la infancia de Isabel fue un revoltijo de contrastes: rigidez moral y magia cotidiana. Nació en Perú, quizá cambiada al nacer en una clÃnica extranjera, como bromea su madre. Fue criada por mujeres fuertes, marcadas por el exilio y la pérdida, en una casa llena de secretos, Tarot y plata heredada.
