Paula
Paula Isabel recuerda su infancia entre cuerdas y poleas, intentos ridÃculos por hacerla crecer más de un metro y medio. —Durante años me colgaron del cuello para estirarme —dice—. Solo logré un cuello largo.
En esa misma casa, donde los hombres eran ausentes y las mujeres lo eran todo, Isabel empezó a moldearse. Su abuela le enseñaba esperanto y le hablaba de espÃritus. Su madre, elegante y callada, mantenÃa una dignidad a prueba de escándalos.
La relación con Ramón fue ambigua al principio. Él estaba presente, pero no era parte oficialmente. Un ángel protector que existÃa entre sombras. Solo más adelante en la historia comprenderemos su importancia.
Mientras tanto, Paula sigue en coma, y cada página que Isabel escribe es un hilo lanzado hacia su hija, como si con cada historia pudiera traerla de vuelta. —¿Para qué tanta palabra si no puedes oÃrme? —se pregunta. Pero no deja de escribir. Porque en su familia, las mujeres han sobrevivido siglos gracias a las historias.