Belén. Caballo de Troya 12
Belén. Caballo de Troya 12 El grito fue seguido por el sonido de una pelea. Jasón se movió como un relámpago, cruzando el follaje. Cuando llegó al claro, la escena lo golpeó como una bofetada.
Pedro estaba en el suelo, con sangre en la boca y las manos crispadas. Sobre él, un soldado levantaba la espada.
Jesús emergió de entre las sombras. ―¡Detente!
La orden fue como un trueno.
El soldado se paralizó. No por miedo, sino por algo más profundo, algo que Jasón sintió como una corriente invisible que estremeció el aire.
Jesús avanzó hasta Pedro, lo ayudó a incorporarse y le susurró algo que Jasón no alcanzó a oír. Luego, sin temor, alzó la mirada al soldado.
―Haz lo que debes hacer.
Jasón sintió que la escena se doblaba sobre sí misma, como una fractura en el tiempo. Su instinto de soldado gritaba que atacara, que interviniera. Pero su instinto de hombre… su instinto de hombre le decía que había cosas más allá de su comprensión.
El soldado bajó la espada. No dijo nada. Se alejó.
Jasón sintió un escalofrío.
Jesús miró a Pedro con infinita paciencia. ―No es con violencia como cambiaremos el mundo.