Belén. Caballo de Troya 12
Belén. Caballo de Troya 12 Jesús no se movió.
Jasón lo miró y, por un segundo, sintió que su propia voluntad pendÃa de un hilo.
―No puedo dejar que te atrapen.― susurró.
Jesús lo miró con una tristeza infinita. ―¿Por qué temes tanto al destino?
Las antorchas se acercaban. El tiempo se agotaba.
Jasón cerró los ojos, tomó aire y tomó la única decisión que podÃa tomar.
―Corran. Ahora.
Y entonces todo se rompió.
Las sombras se desgarraban con el resplandor de las antorchas. El bosque se convirtió en un laberinto de ramas quebradas y susurros ahogados. Jasón corrÃa, con el aliento entrecortado y la mente en guerra. HabÃa empujado a Jesús lejos del camino, ocultándolo entre las piedras, mientras los demás huÃan en direcciones distintas.
Los soldados se acercaban.
Apretó los dientes. Su mano tembló sobre el arma oculta en su túnica. Un arma que no debÃa existir en este tiempo.
Una decisión. Un disparo. Y la historia cambiarÃa para siempre.
Pero no lo hizo.
A lo lejos, una voz rugió en la noche. ―¡AquÃ! ¡Uno de ellos!