Belén. Caballo de Troya 12
Belén. Caballo de Troya 12 Jasón sintió un escalofrío. No era miedo lo que lo estremecía, sino la certeza de que estaba presenciando algo que cambiaría la historia.
Sin otra opción, siguieron avanzando en la oscuridad. El camino se tornó incierto, y la sensación de ser acechados creció con cada paso. El destino estaba trazado, pero aún había preguntas sin respuesta.
Y la más aterradora de todas: ¿qué pasaría cuando ya no quedara dónde correr?
La mañana trajo un respiro fugaz. El campamento improvisado en las afueras de Beit Sahur era un refugio temporal, pero no un escape. Los hombres dormían con un ojo abierto, la mano cerca de la daga o del cayado. Solo Jesús parecía ajeno a la tensión.
Jasón se apartó del grupo, revisando la colina que dominaba el sendero. A la distancia, el camino a Jerusalén hervía con la actividad de soldados romanos y fariseos que movían piezas en un tablero que él aún no comprendía del todo. Se llevó la mano al cinturón, donde su comunicador—un objeto anacrónico en aquel mundo—descansaba oculto. No podía usarlo. No podía llamar al Proyecto. Estaba solo en esto.
―No habrá vuelta atrás.― dijo una voz a su lado.
