Belén. Caballo de Troya 12
Belén. Caballo de Troya 12 La noche anterior, en Betania, el mensaje llegó a través de un mercader con los ojos cargados de miedo. ―El Maestro está en peligro. Jerusalén lo ha condenado. Deben huir, ahora.― Nadie dudó. Nadie preguntó. Pedro fue el primero en ponerse de pie, su expresión de piedra. Juan se volvió hacia Jesús, esperando una orden. Pero el Galileo solo sonrió con la tranquilidad de quien ve el destino desplegarse como un rÃo inevitable.
―Es hora.―
El grupo dejó atrás Betania antes del amanecer, cruzando colinas áridas y senderos polvorientos. La primera parada fue una aldea en ruinas, Beit Sahur, donde el Maestro pasó el dÃa en silencio, orando entre los restos de antiguas casas de piedra. Jasón lo observó desde la distancia, incapaz de comprender cómo alguien podÃa mantenerse tan sereno con la muerte acechándolo.
―No teme morir.― dijo Andrés en voz baja.
―Quizá porque ya sabe cómo termina esta historia.― murmuró Jasón.
Esa noche, la luna se ocultó tras nubes pesadas cuando los exploradores regresaron con malas noticias: las patrullas del SanedrÃn avanzaban rápido. La caza habÃa comenzado. Jesús los reunió en un cÃrculo y les habló con voz firme.
―Lo que viene será difÃcil. No teman. Solo confÃen.―
