Belén. Caballo de Troya 12
Belén. Caballo de Troya 12 Pedro. Su rostro curtido por el sol y la ira de un hombre que no entendÃa cómo su Maestro se negaba a pelear.
―La orden ya está escrita.― continuó, con un hilo de desesperación en la voz. ―El SanedrÃn lo quiere muerto. Si no lo entregamos, nos llevarán a todos.
Jasón lo miró de reojo. SabÃa que Pedro nunca traicionarÃa a Jesús. Pero la duda, el miedo… esas eran armas más letales que cualquier espada.
Al caer la tarde, un mensajero llegó a la aldea. Un fariseo, con túnica oscura y rostro tenso, detuvo su burro al borde del campamento. Sacó un pergamino lacrado y lo dejó caer al suelo.
―Jesús de Nazaret es un criminal.― su voz sonó como un eco de condena. ―El SanedrÃn ha dictado su destino. Cualquiera que lo oculte será juzgado de la misma forma.
El pergamino rodó sobre la arena. Nadie se movió.
Jesús dio un paso al frente, recogió el edicto y lo desenrolló. Sus ojos se deslizaron por las palabras con la serenidad de quien ya conoce su final.
Jasón contuvo la respiración.
Jesús levantó la vista, miró al mensajero con una calma que heló el aire. ―Diles que no huyó. Diles que vendrá.
