GOG
GOG El vehículo arrancó sin hacer ruido, alejándose del observatorio y de todo lo que conocían.
Nadie habló.
Y en ese silencio, Stare se dio cuenta de algo aterrador.
No había resistencia. No había preguntas.
Porque la Agencia de Seguridad Nacional ya tenía un protocolo para esto.
Para quienes descubrieran la verdad antes de tiempo.
Para quienes vieran la sombra de Gog antes de que fuera demasiado tarde.
El auto negro serpenteaba por una carretera desierta, alejándose del observatorio. Stare y Yuri iban en el asiento trasero, flanqueadas por dos agentes de mirada impenetrable. Nadie había dicho una palabra desde que las metieron en el vehículo.
Stare se aferró a la única certeza que tenía: estaban en problemas.
—¿Adónde nos llevan? —preguntó, rompiendo el silencio.
El agente a su derecha la ignoró.
—Mírame cuando te hablo —dijo, más firme.
El conductor soltó un suspiro de cansancio.
—No hagan esto más difícil —respondió el agente del asiento delantero—. Pronto lo sabrán.