Harry Potter y la cámara secreta
Harry Potter y la cámara secreta A pesar de la advertencia, Harry sabía que debía regresar a Hogwarts. Sin embargo, los Dursley tenían otros planes. Encerrado como un prisionero, parecía que el mundo mágico quedaría fuera de su alcance... hasta que una noche, el rugido de un motor y el destello de luces lo despertaron. Ron Weasley había llegado, acompañado por sus hermanos Fred y George, en un coche volador.
—¡Harry! —susurró Ron, apoyado en el marco de la ventana con una sonrisa cómplice—. ¡Ven, tenemos que sacarte de aquí!
El corazón de Harry latió con fuerza mientras cargaba su baúl y a Hedwig. Escaparon hacia la libertad, hacia un nuevo curso lleno de misterios y desafíos. Pero en lo profundo de su mente, las palabras de Dobby resonaban, como un eco que prometía sombras más oscuras.
El peligro acechaba, pero Harry apenas comenzaba a darse cuenta de la magnitud de lo que le esperaba.
El cielo rosado del amanecer envolvía La Madriguera, el hogar mágico y caótico de los Weasley. Harry, fascinado por la mezcla de encantos y desorden, se sintió más bienvenido allí que nunca en Privet Drive. Sin embargo, bajo aquella calidez había una inquietud latente. La advertencia de Dobby seguía rondando en su mente, un rompecabezas al que no encontraba solución.