Harry Potter y la cámara secreta
Harry Potter y la cámara secreta El inicio del curso se acercaba, pero el acceso al andén 9¾ en la estación King’s Cross fue inesperadamente bloqueado. Harry y Ron, desesperados, tomaron una decisión precipitada: utilizar el coche volador de los Weasley. Atravesaron las nubes con risas nerviosas, pero el entusiasmo pronto dio paso al pánico.
—¡Cuidado, Harry! —gritó Ron, tirando del volante mientras el coche descendía bruscamente.
El Ford Anglia aterrizó de manera desastrosa entre las ramas del Sauce Boxeador, un árbol tan vivo como agresivo. Las ramas golpeaban sin piedad, y, mientras el coche se tambaleaba, Harry y Ron apenas lograron escapar. En el suelo, jadeantes, contemplaron el coche tambaleante que finalmente huyó al Bosque Prohibido, como si también tuviera su propio juicio.
En el Gran Comedor de Hogwarts, la emoción del regreso no tardó en desvanecerse. Las miradas críticas de los profesores, en especial la de Severus Snape, cayeron como un peso sobre los chicos. Las amenazas de expulsión flotaron en el aire, pero fue la reaparición de Gilderoy Lockhart, el nuevo y vanidoso profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, lo que añadió un giro inesperado.
—No os preocupéis, jóvenes héroes —dijo Lockhart con una sonrisa brillante, mientras posaba para una foto improvisada—. Yo mismo habría tomado el coche si fuera necesario. ¡A la fama se llega con audacia!