Harry Potter y la cámara secreta
Harry Potter y la cámara secreta Harry rodó los ojos, mordiéndose la lengua para evitar replicar. El aire denso de la casa lo asfixiaba tanto como la indiferencia de su tÃa Petunia y los comentarios burlones de su primo Dudley. Pero esa noche todo cambió. Mientras Harry yacÃa en su diminuta cama, resignado a otro cumpleaños sin regalos ni tortas, una criatura apareció en la penumbra.
El elfo doméstico tenÃa orejas puntiagudas como alas de murciélago y ojos enormes, redondos y verdes, que lo observaban con una intensidad casi desesperada.
—Harry Potter no debe volver a Hogwarts —dijo Dobby con un tono tan sombrÃo que helaba la habitación.
La advertencia de Dobby era clara, pero el joven mago, atrapado entre la incredulidad y la curiosidad, se negó a ceder. ¿Cómo podrÃa quedarse en aquel lugar, privado de todo lo que le daba sentido a su vida?
—No entiendo, Dobby. ¿Por qué no puedo regresar? —insistió Harry.
El elfo titubeó, su mirada temblorosa. —Una amenaza mortal... algo oscuro despertará. Harry Potter... ¡corre un gran peligro!
El estruendo de la voz de Vernon Dursley, enfurecido al descubrir al visitante inesperado, interrumpió su conversación. Dobby desapareció tan rápidamente como habÃa llegado, pero dejó atrás una sensación persistente de alarma.