Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la piedra filosofal Los rumores se volvieron certezas. Alguien en Hogwarts estaba intentando robar la piedra. Las sospechas de Harry se centraron en Severus Snape , el maestro de Pociones. Era evidente que Snape lo detestaba, y Harry estaba convencido de que sus miradas heladas ocultaban intenciones siniestras. “Es él, estoy seguro”, le dijo a Ron y Hermione en la sala común de Gryffindor una noche. “Snape quiere la piedra para traer de vuelta a Voldemort”. Hermione, aunque escéptica al principio, no pudo ignorar las pruebas.
La tensión aumentó cuando Hagrid, sin darse cuenta, les reveló el secreto para pasar al perro gigante: “Con música, se queda dormido”. Eso confirmó sus peores temores. Snape no tendría problemas para sortear a Fluffy si lograba entrar. Y lo haría pronto.
Una noche oscura y sin luna, los tres amigos decidieron actuar. La idea era simple: llegar a la piedra antes que Snape. Harry sabía que era peligroso, pero no podía quedarse de brazos cruzados. “Si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará”, insistió, mientras Hermione empacaba un libro por si necesitaban resolver algo complicado.