Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la piedra filosofal La siguiente prueba los llevó a una sala llena de llaves voladoras . Era un espectáculo caótico: cientos de llaves revoloteaban como enjambre, pero una de ellas era diferente. “Es la plateada, con alas grandes”, señaló Harry. Ron tomó una escoba y comenzó a perseguirla. Las llaves, al darse cuenta, atacaron como si fueran un enjambre de avispas. Con un movimiento rápido, Harry subió otra escoba y, juntos, lograron capturarla. “¡Vamos, rápido!”, gritó Ron, con los brazos llenos de pequeños cortes.
La última prueba antes del enfrentamiento final los llevó a un tablero gigante de ajedrez mágico . Las piezas, imponentes y de piedra, requerían que jugaran para avanzar. “Tendremos que participar”, dijo Ron, observando las reglas con atención. Él, con su talento para el ajedrez, se colocó en la posición de caballo y comenzó a dirigir el juego.
Pero este no era un juego ordinario. Cada movimiento implicaba riesgo. Una torre golpeó el caballo donde estaba Ron, dejándolo aturdido. Harry y Hermione avanzaron, conscientes de que el sacrificio de Ron había sido necesario.
Cuando cruzaron el tablero, Harry se detuvo y miró hacia atrás. Ron estaba tirado en el suelo, pero respiraba. “Termina esto, Harry”, murmuró Hermione mientras avanzaban hacia la habitación final. Algo frío y oscuro los esperaba al otro lado.