Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la piedra filosofal —¡Nos vamos! ¡Todos, al coche! —rugió Vernon.
La familia Dursley huyó a una cabaña en medio de la nada. Harry, acostumbrado a lo mínimo, no se quejó del frío o del colchón que era más tabla que cama. Esa noche, mientras las olas golpeaban las paredes y la tormenta rugía, algo cambió. Justo cuando el reloj marcaba la medianoche, la puerta de la cabaña tembló. Al principio, fue un golpe. Luego otro, más fuerte. Hasta que la puerta se derrumbó de un solo empujón.
Allí estaba Rubeus Hagrid , un gigante con un abrigo tan grande que podría haber escondido a Harry en su interior.
—¡Harry Potter! —exclamó con una voz grave, pero cálida—. Por fin te encuentro.
Y así, mientras los Dursley temblaban de miedo, Harry escuchó por primera vez las palabras que cambiarían su vida:
—Eres un mago, Harry.
