Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la piedra filosofal Pero Hagrid lo ignoró. En cambio, se sentó pesadamente en un sofá que crujió bajo su peso, y miró a Harry con seriedad.
—Escucha, chico. Hay algo que necesitas saber. Hace once años, el mago más oscuro que jamás haya existido, Voldemort , te atacó. Quiso matarte. Pero tú... sobreviviste.
Harry se llevó una mano a la cicatriz en forma de rayo que tenía en la frente. Había crecido con ella, pero jamás imaginó que significara algo más que un accidente.
—Tus padres murieron protegiéndote —continuó Hagrid, su voz más baja, casi reverente—. Lily y James Potter. Eran grandes magos, Harry. Y Voldemort los mató. Pero cuando intentó matarte a ti, algo pasó. Nadie sabe cómo, pero su maldición rebotó. Él desapareció, y tú quedaste con esta cicatriz.
El silencio llenó la habitación. Harry sintió como si todo su mundo se hubiera volteado de cabeza. No eran accidentes, no era mala suerte. Había una razón detrás de todo.
—¿Por qué nunca me dijeron esto? —preguntó, mirando a los Dursley con incredulidad.
—¡Porque somos gente normal! —gritó Petunia, con lágrimas de furia en los ojos—. ¡Nada de esas cosas extrañas aquí!