Como un hombre piensa
Como un hombre piensa Un hombre debe concebir un propósito legítimo en su corazón y proponerse cumplirlo. Debe hacer de este propósito el punto central de sus pensamientos. Puede tomar la forma de un ideal espiritual, o puede ser un objeto mundano, de acuerdo con su naturaleza en ese momento; pero cualquiera que sea, debe enfocar firmemente sus fuerzas mentales en el objeto que ha puesto ante él. Debe hacer de este propósito su deber supremo, y debe dedicarse a su consecución, sin permitir que sus pensamientos se pierdan en fantasías efímeras, anhelos e imaginaciones. Este es el camino real hacia el autocontrol y la verdadera concentración del pensamiento. Incluso si fracasa una y otra vez en el logro de su propósito (como necesariamente debe ocurrir hasta que se supere la debilidad), la fuerza de carácter adquirida será la medida de su verdadero éxito, y esto formará un nuevo punto de partida para el poder y el triunfo futuros.
Aquellos que no están preparados para la aprehensión de un gran propósito, deben fijar los pensamientos en el cumplimiento intachable de su deber, sin importar lo insignificante que pueda parecer su tarea. Sólo así pueden reunirse y concentrarse los pensamientos, y desarrollarse la resolución y la energía, que al hacerse, no hay nada que no pueda cumplirse.