De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Si examinas en silencio tu mente, tu corazón y tu conducta, podrás saber fácilmente si eres hijo de la Verdad o un adorador del ego. ¿Abrigas pensamientos de sospecha, enemistad, envidia, lujuria y soberbia, o luchas sin cansancio contra estos pensamientos? Si te sucede lo primero, estás encadenado al ego, sin importar qué religión profeses. Si tu caso es el segundo, eres un candidato a la Verdad aunque, en apariencia, no profeses religión alguna. ¿Eres una persona apasionada, obstinada, autoindulgente y egocéntrica que persigue sus propios fines, o quizás alguien amable, apacible, desinteresado, despojado de toda forma de autoindulgencia y siempre listo a renunciar a lo suyo? Si tu caso es el primero, el ego es tu amo; si es el segundo, la Verdad es el propósito de tu afecto. ¿Persigues la riqueza? ¿Luchas con pasión por lo que es tuyo? ¿Ambicionas poder y liderazgo? ¿Te gusta la ostentación y el autoelogio? O bien ¿has renunciado a las riquezas? ¿Has abandonado toda lucha? ¿No te importa ocupar el último lugar y pasar inadvertido? ¿Y has dejado de hablar de ti mismo y de tratarte con orgullo autocomplaciente? Si eres de los primeros, aunque pienses que adoras a Dios, el dios de tu corazón es el ego. Si eres de los segundos, aunque rechaces la palabra «adoración», contigo habita el Altísimo.