De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Todos los amores humanos se contrarrestan con los odios, pero existe un Amor que no admite lo contrario ni reacción alguna; que es divino, que no está mancillado por el ego y que derrama su fragancia sobre todos por igual.
Los amores humanos son reflejos del Amor Divino y acercan el alma a la realidad, al Amor que no conoce el sufrimiento ni el cambio.
Está bien que una madre se aferre con apasionada ternura al pequeño e indefenso cuerpecito que yace sobre su regazo, y se sienta desconsolada por las oscuras aguas del dolor cuando descubre que su hijo ha muerto. Está bien que sus lágrimas fluyan y que el corazón le duela, porque podrá recordar la sutil naturaleza de las alegrías y el propósito de las emociones, y sólo así podrá acercarse más a la Realidad eterna y perdurable.
Está bien que el amante, hermano, hermana, esposo o esposa sufran una profunda angustia y se sientan envueltos en la tristeza cuando les arrancan la forma visible de sus afectos, para que así puedan aprender a dirigir su amor hacia la invisible Fuente de todo, donde se halla la única satisfacción permanente.