De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito La meta del ser humano es volver a ser uno con el Infinito. Y estar en armonía perfecta con la Ley Eterna es encontrar la Sabiduría, el Amor y la Paz. Pero este divino estado es y siempre será incomprensible a lo que es puramente personal. La personalidad, la separación y el egoísmo tienen el mismo significado y llegan a conformar la antítesis de la sabiduría y la divinidad. Con la absoluta renuncia a la personalidad, se desvanecen la separación y el egoísmo, y el hombre entra en posesión de su divina herencia de inmortalidad y de infinitud.
La mente egoísta y mundana considera que esa renuncia a la personalidad es la más espantosa de las desdichas, la pérdida más irreparable y, sin embargo, es la bendición más sublime e incomparable, la única ganancia real y duradera. La mente que ha estado reprimida por las limitadas leyes del ser y por el destino y la naturaleza de su propia vida, se aferra a las fugaces apariencias, a las cosas que por su naturaleza no son perdurables y, al hacerlo, las pierde entre las destrozadas ruinas de sus propias ilusiones.