De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Los hombres se aferran a la carne y la complacen, como si ésta fuera a durar para siempre y, aunque tratan de olvidar su inevitable y cercana decadencia, el temor a la muerte y a la pérdida de todo a lo que se han aferrado nubla sus horas más felices y la escalofriante sombra de su propio egoísmo los persigue como un implacable espectro.
La divinidad interior de los seres humanos se va debilitando con la acumulación de comodidades y lujos temporales, lo que provoca que se hundan en las profundidades de lo material y en la vida efímera de los sentidos. Al no haber desarrollado suficientemente el intelecto, las teorías acerca de la inmortalidad de la carne se llegan a considerar verdades infalibles. Cuando, de una u otra manera, el alma del ser humano se encuentra nublada por el egoísmo, pierde el poder de distinguir las diferencias que existen en el ámbito espiritual y confunde lo temporal con lo eterno, lo efímero con lo permanente, la mortalidad con la inmortalidad y el error con la Verdad. Es así como el mundo ha llegado a colmarse de teorías y especulaciones que no tienen fundamento en la experiencia humana. Cada cuerpo carnal contiene en sí mismo, desde el momento de su nacimiento, los elementos de su propia destrucción y, debido a la inalterable ley de su propia naturaleza, debe morir.