De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Los seres humanos formulan dogmas efímeros a los que llaman Verdad. La Verdad no puede formularse; es inefable y está más allá del alcance del intelecto. Sólo se puede experimentar a través de la práctica; sólo se puede manifestar por medio de un corazón incorruptible y una vida perfecta.
En medio de este pandemónium de credos, doctrinas y partidos, ¿quién, entonces, posee la Verdad? Aquel que la vive. Aquel que la practica. Quien, habiéndose elevado por encima del pandemónium y dominándose a sí mismo, ya no se ocupa de la Verdad, sino que se sienta aparte, tranquilo, quieto, en paz y dueño de sí mismo, liberado de toda lucha, de todo prejuicio y de toda reprobación, y ofrece a todos el desinteresado y alegre amor de la divinidad que está en su interior.
Quien es paciente, amable, sereno e indulgente bajo cualquier circunstancia, manifiesta la Verdad. La Verdad nunca será probada con argumentos llenos de palabrería y con tratados eruditos, porque si los hombres no perciben la Verdad en la paciencia infinita, en el perdón permanente y en la compasión hacia todo, no existen palabras que puedan probársela.