De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito La causa del miedo o la valentía, la ignorancia o la inteligencia, la intranquilidad o la serenidad de cualquier persona radica en sus propias circunstancias y nunca fuera de ellas. Ahora me parece estar oyendo un coro de voces que exclama: «¿En realidad quiere decir que las circunstancias externas no afectan a nuestra mente?». No intento decir eso; lo que quiero decir, y sé que es una verdad infalible, es que las circunstancias únicamente te pueden afectar en la medida en que tú permitas que lo hagan.
Si sientes que las circunstancias manejan tu vida, esto se debe a que no tienes un correcto entendimiento de la naturaleza, del uso y del poder del pensamiento.
Crees (y de la palabra «credibilidad» dependen todas tus tristezas y alegrías) que las situaciones externas tienen poder para construir o destruir tu vida. Si piensas de esta manera, estás dando a entender que te rindes ante ellas. También estás reconociendo que las situaciones externas representan el papel de tu amo incondicional y tú el de su esclavo. Al someterte a ellas, les otorgas un poder que no tienen y, en realidad, no estás sucumbiendo ante las meras circunstancias externas, sino ante la tristeza o la alegría, ante el temor o la esperanza, ante la fuerza o la debilidad que tu esfera de pensamiento ha lanzado a tu alrededor.