De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Conocí a dos hombres que, a temprana edad, perdieron todos sus ahorros de años de esfuerzo. Uno de ellos se encontraba profundamente preocupado, y cedió el paso a la angustia, la desesperación y el desaliento.
El otro joven, cuando leía el periódico de la mañana, se encontró con la noticia de que el banco en el que había depositado su dinero estaba en quiebra. A pesar de que lo había perdido todo, y no había posibilidad de recuperar los ahorros, dijo con serenidad: «He perdido todo mi dinero; ni las penas, ni las preocupaciones, ni las lamentaciones me lo devolverán. Sin embargo, podré recuperarlo si trabajo con empeño».
Empezó a trabajar con mucho entusiasmo y recuperó su situación económica en poco tiempo. El otro seguía quejándose de la pérdida de su dinero y, al no dejar de preocuparse por su «mala suerte», siguió siendo presa e instrumento de las circunstancias adversas, o más bien de sus propios pensamientos de debilidad y de esclavitud.
La pérdida del dinero fue una maldición para este joven, quien revistió el suceso con pensamientos negativos y tristes. Sin embargo, para el otro fue una bendición, porque le llevó a tener pensamientos de fuerza, de esperanza y de energía renovada.