De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito Negar o ignorar el mal no es suficiente; éste debe ser comprendido. Tampoco basta con pedir a Dios que el mal se aleje; debemos descubrir por qué está aquí y qué lección nos tiene reservada.
No obtendrás ningún beneficio preocupándote, enfureciéndote o luchando contra las cadenas que te mantienen atado. Lo que en realidad debes comprender es por qué y cómo estas cadenas te están esclavizando. Por lo tanto, amigo lector, debes salir de ti mismo y empezar a examinarte y a comprenderte.
En la escuela de la experiencia, debes dejar de ser el niño desobediente y empezar a aprender, con humildad y paciencia, las lecciones asignadas para tu desarrollo espiritual y tu perfección última. Porque cuando se comprende y se asimila el mal de una manera correcta, éste deja de ser un poder o un principio ilimitado en el universo; se convierte en una etapa pasajera de la experiencia humana y, por lo tanto, en un maestro para aquellos que están dispuestos a aprender.
El mal no es una entidad abstracta que se encuentra fuera de ti: se trata de una experiencia de tu propio corazón. Y, al ir examinándolo y rectificándolo con paciencia, llegarás a descubrir poco a poco el origen y la naturaleza del mal, el cual llegará inevitablemente a su completa erradicación.