Shogun
Shogun La lluvia caÃa sobre el castillo, fina y constante, como un aliento helado que impregnaba la madera y la piedra. Blackthorne estaba de rodillas, el agua resbalando por su rostro, el sabor metálico de la sangre en su boca.
—Levántate, Anjin-san —ordenó el instructor de kenjutsu, su voz serena, pero con una exigencia imposible de ignorar.
Blackthorne apretó los dientes y se puso de pie. El dolor en sus costillas era intenso, pero no se permitió mostrar debilidad. HabÃa aprendido que en este mundo, el honor era la única moneda de valor real, y él aún no tenÃa suficiente.
El samurái avanzó, su bokken un borrón en el aire. Blackthorne levantó su propia espada de madera y bloqueó el golpe con dificultad. No bastaba con reaccionar, debÃa anticiparse, moverse con la elegancia calculada que habÃa visto en los guerreros que servÃan a Toranaga.
—¡Demasiado lento! —gruñó su maestro, golpeándolo en la pierna y haciéndolo caer de nuevo.
Blackthorne golpeó el suelo con furia. No soy un samurái. No soy uno de ellos. Nunca lo seré.
Pero en el instante en que pensó en rendirse, la imagen de Toranaga apareció en su mente. Sobrevive, Anjin-san. Aprende. Adáptate.
